Una sopa crema aterciopelada de zapallo cabutiá, con el toque del jengibre y el apio, terminada con queso crema y una lluvia de sésamo tostado. La clase también fue una excusa para aprender a cortar y rehogar bien la cebolla.
En esta clase, además de la sopa, Cecilia enseñó una técnica para cortar la cebolla y, sobre todo, a rehogarla en su punto: ni cruda ni quemada, blanda y translúcida.
Preparación
Cortar el zapallo al medio y luego en rodajas, descartando las semillas. Cortar en cubos de aproximadamente 3 cm.
Picar la cebolla, el ajo, el apio y el jengibre.
Poner en una cacerola el aceite con la cebolla, el ajo, el apio y el jengibre, y salar. Rehogar a fuego moderado.
Sumar el agua y hervir a fuego fuerte hasta que la preparación reduzca un poco, de modo que al probarla ya tenga sabor.
Agregar el zapallo a la cacerola, mezclar y volver a salar.
Hervir hasta que, al pinchar los cubitos de zapallo, se desarmen.
Apagar el fuego y mixear o procesar.
Agregar el queso crema y volver a mixear hasta que quede bien cremosa.
Servir bien caliente, salpicando con las semillas de sésamo. Si se usa ciboulette, cortarla en juliana y agregar. Llevar los croutons a la mesa para el que quiera sumarlos a su plato.
Tips de Cecilia
El jengibre en poca cantidad (3 rodajitas) da un fondo cálido sin taparlo todo: es el detalle que levanta la sopa.
Reducir el caldo antes de sumar el zapallo concentra el sabor; probá siempre antes de seguir.
Con la misma base (cebolla, ajo, apio) se puede hacer una hermana de esta receta: sopa crema de espinaca, con nuez moscada y semillas de chía por encima.